Livy dejó los recuerdos para otro día y tomó las llaves de un espectacular convertible negro que estaba estacionado en el garaje de la casa, quería dar una vuelta por su nuevo vecindario como cualquier mortal.
Al dar varias vueltas por la gran urbanización, sintió que la observaban, un escalofrío recorrió su espalda, erizándole toda la piel… después de mucho tiempo sintió miedo…
El instinto de bruja más que el de vampiro, le alertaron que algo estaba mal. Decidió dar unas vueltas más y se iría a cazar lejos de allí.
Habían pasado algunas semanas, en las cuales recibió noticias de Vishnu, su apuesto y querido amigo a la par de las insistentes presencias perturbadoras que la preocupaban todos los días desde que las sintió la primera vez.
Un día después, se encontraba escribiendo un relato basado en magia blanca, cuando sintió que la estaban observando desde las ventanas de la casa.
Livy tomó el arco y salió para verificar quien la estaba observando, no percibió a nadie fuera, estaban dentro de la casa…
Advirtió mucha oscuridad, llegaron unos unas imágenes horribles a su mente. Se encontraba ante una inmensa catedral negra con matices marrones con amarillo tostado. De repente se encontraba dentro del recinto. Allí, pudo observar muchos bancos en los cuales habían incontables vampiros haciendo plegarías satánicas, no hablaban, escuchaba sus pensamientos. Hacía los lados de la catedral, se encontraba un órgano de inmensas proporciones, tocado magistralmente por un “no muerto”. En los extremos de los tubos del instrumento, habían cabezas encajadas que todavía sangraban.
Pudo notar con horror, que en el altar se hallaban tres vampiros sometiendo a una joven desnuda que gritaba de manera espeluznante ante las crueles mordeduras que le hacían los horrendos espectros, pero uno es especial le abrió las piernas introduciendo sus huesuda y larga mano dentro de ella hasta el codo, sacándola con violencia a la vez que extrajo parte de sus extrañas, llevándoselas a su desfigurada boca tomando la sangre directamente de los órganos.
En la parte superior de la iglesia negra, habían decenas de vampiros asesinando a otros de sus semejantes con sus largas uñas que parecían garras, para luego morderlos salvajemente en una especie de orgía caótica y terrorífica.
A Livy le llamó la particularmente la atención un gran pentagrama con la punto hacía abajo que se encontraba detrás del altar. El símbolo estaba bañado en sangre con restos de vísceras de los que estaban presentes allí, en ese instante, todos los vampiros voltearon a verla saltando desde los rincones más escondidos de la catedral directamente hacía ella. En una fracción de segundo, se vio rodeada de todos esos seres maléficos, pero, justo en el momento cuando pensó que la atacarían, todos sonrieron mirándola con curiosidad, alzaron sus grotescas manos para tocarla, pero la imagen desapareció, hallándose nuevamente en los jardines de la casa.
¡Por todos los dioses! Exclamó la aterrorizada vampira, la escena fue tan real, que pensó que la matarían en ese instante. Tenía miedo, literal miedo de entrar a su morada, pensó en huir, pero algo la detuvo, la criatura que se encontraba dentro de su casa puso esas imágenes en su mente para llenarla de angustia y terror, pero definitivamente debía averiguar quien estaba acosándola, no estaría a salvo en ningún lugar. Por lo menos deseaba saber a que o a quienes se enfrentaba.
Estaba ante su puerta, sacó una de las flechas y puso el arco en posición, (Livy era muy ágil con esta arma). Abrió la puerta principal con su poder mental, estaba tan nerviosa que la rompió tan fuerte que sonó un estruendo espantoso al reventarla.
Antes de entrar escuchó el llanto de un recién nacido, siguió caminando con mucha cautela hasta ingresar de lleno en la habitación.
El corazón de la vampira se aceleró con violencia al contemplar que tenía al frente a tres inmortales mirándola fijamente, uno de ellos que parecía ser el líder, se encontraba sentado en un sofá, con un bebé en su regazo mientras los demás (una mujer y un hombre), estaban de pié, detrás de él. El líder, un hombre no muy alto pero muy guapo y fornido, de cabellos rubios y lisos, pasó una de sus afiladas uñas por el pecho del niño, ocasionándole una pequeña herida por la cual empezó a drenar sangre mientras el pequeño bebé lloraba con desesperación.
- No venimos a pelear contigo, así que puedes bajar el arma. Como prueba de ello, te traje este tierno bebé para tu deleite.
El extraño, le arrojó el niño a Livy. Ella, soltó el arco inmediatamente tomando al recién nacido en el aire, evitando que se lastimara; lo puso como pudo en el otro sofá sin perder de vista a lo vampiros que no dejaban de reírse por la actuación humana de la bruja.
- Veo que rechazaste mi obsequio Livy.
- No mato inocentes, ¡¿Qué quieren?!
- Nadie es inocente, ni siquiera ese feto humano. Pero respondiendo a tu pregunta, no queremos nada… aún. Déjame presentarme, me llamo Romano, ellos son Luca y Amanda, solamente queríamos conocerte.
- No estoy interesada en nada que me puedan ofrecer, se pueden largar de aquí.
- Esperaba más amabilidad de tu parte. Nos vamos pero te puedo asegurar que seguiremos viéndonos.
Romano hizo un gesto a los demás para marcharse no sin antes romper todas las ventanas de la habitación con su poder vampírico, Livy salto velozmente sobre el niño para que los trozos de vidrio no le hicieran daño, a la vez que se le encajaban a ella en todo su cuerpo.
La vampira se sacaba uno a uno los vidrios clavados en su cuerpo a la vez que este se regeneraba, pero había perdido mucha sangre, necesitaba cazar para recuperarse completamente, pero no sabía que hacer con el bebé.
Livy envolvió a la criatura en hermosas sedas indias, no podía quedarse con el aunque quisiera, cada minuto que pasara a su lado se le haría más difícil dejarlo. Se hizo una pequeña herida alrededor de todo su pezón y le dio de beber de su sangre al infante, solo un poco para impedir una transformación, con esta sangre en su diminuto organismo, el niño se recuperaría bastante rápido y se aseguraría de transmitirle ciertos poderes vampíricos pero seguiría siendo humano.
El niño tomaba del pecho de Livy, como si la sangre de la vampira fuera el más divino elixir, sus ojos brillaban y su pequeña herida sanó completamente, en ese momento Livy supo que era suficiente un sorbo más y comenzaría el proceso de la transformación vampírica.
La maternal bruja salió con el bebé entre sus brazos y lo dejó abandonado en una hermosa mansión lejos de su residencia. Lloró lágrimas de sangre esperando no ver más nunca al niño, lo reconocería si ese día llegara, él fue lo más cercano a un hijo que pudiera tener aunque fuera por pocas horas, sin querer había efectuado un lazo que tendría implicaciones futuras…
Al dar varias vueltas por la gran urbanización, sintió que la observaban, un escalofrío recorrió su espalda, erizándole toda la piel… después de mucho tiempo sintió miedo…
El instinto de bruja más que el de vampiro, le alertaron que algo estaba mal. Decidió dar unas vueltas más y se iría a cazar lejos de allí.
Habían pasado algunas semanas, en las cuales recibió noticias de Vishnu, su apuesto y querido amigo a la par de las insistentes presencias perturbadoras que la preocupaban todos los días desde que las sintió la primera vez.
Un día después, se encontraba escribiendo un relato basado en magia blanca, cuando sintió que la estaban observando desde las ventanas de la casa.
Livy tomó el arco y salió para verificar quien la estaba observando, no percibió a nadie fuera, estaban dentro de la casa…
Advirtió mucha oscuridad, llegaron unos unas imágenes horribles a su mente. Se encontraba ante una inmensa catedral negra con matices marrones con amarillo tostado. De repente se encontraba dentro del recinto. Allí, pudo observar muchos bancos en los cuales habían incontables vampiros haciendo plegarías satánicas, no hablaban, escuchaba sus pensamientos. Hacía los lados de la catedral, se encontraba un órgano de inmensas proporciones, tocado magistralmente por un “no muerto”. En los extremos de los tubos del instrumento, habían cabezas encajadas que todavía sangraban.
Pudo notar con horror, que en el altar se hallaban tres vampiros sometiendo a una joven desnuda que gritaba de manera espeluznante ante las crueles mordeduras que le hacían los horrendos espectros, pero uno es especial le abrió las piernas introduciendo sus huesuda y larga mano dentro de ella hasta el codo, sacándola con violencia a la vez que extrajo parte de sus extrañas, llevándoselas a su desfigurada boca tomando la sangre directamente de los órganos.
En la parte superior de la iglesia negra, habían decenas de vampiros asesinando a otros de sus semejantes con sus largas uñas que parecían garras, para luego morderlos salvajemente en una especie de orgía caótica y terrorífica.
A Livy le llamó la particularmente la atención un gran pentagrama con la punto hacía abajo que se encontraba detrás del altar. El símbolo estaba bañado en sangre con restos de vísceras de los que estaban presentes allí, en ese instante, todos los vampiros voltearon a verla saltando desde los rincones más escondidos de la catedral directamente hacía ella. En una fracción de segundo, se vio rodeada de todos esos seres maléficos, pero, justo en el momento cuando pensó que la atacarían, todos sonrieron mirándola con curiosidad, alzaron sus grotescas manos para tocarla, pero la imagen desapareció, hallándose nuevamente en los jardines de la casa.
¡Por todos los dioses! Exclamó la aterrorizada vampira, la escena fue tan real, que pensó que la matarían en ese instante. Tenía miedo, literal miedo de entrar a su morada, pensó en huir, pero algo la detuvo, la criatura que se encontraba dentro de su casa puso esas imágenes en su mente para llenarla de angustia y terror, pero definitivamente debía averiguar quien estaba acosándola, no estaría a salvo en ningún lugar. Por lo menos deseaba saber a que o a quienes se enfrentaba.
Estaba ante su puerta, sacó una de las flechas y puso el arco en posición, (Livy era muy ágil con esta arma). Abrió la puerta principal con su poder mental, estaba tan nerviosa que la rompió tan fuerte que sonó un estruendo espantoso al reventarla.
Antes de entrar escuchó el llanto de un recién nacido, siguió caminando con mucha cautela hasta ingresar de lleno en la habitación.
El corazón de la vampira se aceleró con violencia al contemplar que tenía al frente a tres inmortales mirándola fijamente, uno de ellos que parecía ser el líder, se encontraba sentado en un sofá, con un bebé en su regazo mientras los demás (una mujer y un hombre), estaban de pié, detrás de él. El líder, un hombre no muy alto pero muy guapo y fornido, de cabellos rubios y lisos, pasó una de sus afiladas uñas por el pecho del niño, ocasionándole una pequeña herida por la cual empezó a drenar sangre mientras el pequeño bebé lloraba con desesperación.
- No venimos a pelear contigo, así que puedes bajar el arma. Como prueba de ello, te traje este tierno bebé para tu deleite.
El extraño, le arrojó el niño a Livy. Ella, soltó el arco inmediatamente tomando al recién nacido en el aire, evitando que se lastimara; lo puso como pudo en el otro sofá sin perder de vista a lo vampiros que no dejaban de reírse por la actuación humana de la bruja.
- Veo que rechazaste mi obsequio Livy.
- No mato inocentes, ¡¿Qué quieren?!
- Nadie es inocente, ni siquiera ese feto humano. Pero respondiendo a tu pregunta, no queremos nada… aún. Déjame presentarme, me llamo Romano, ellos son Luca y Amanda, solamente queríamos conocerte.
- No estoy interesada en nada que me puedan ofrecer, se pueden largar de aquí.
- Esperaba más amabilidad de tu parte. Nos vamos pero te puedo asegurar que seguiremos viéndonos.
Romano hizo un gesto a los demás para marcharse no sin antes romper todas las ventanas de la habitación con su poder vampírico, Livy salto velozmente sobre el niño para que los trozos de vidrio no le hicieran daño, a la vez que se le encajaban a ella en todo su cuerpo.
La vampira se sacaba uno a uno los vidrios clavados en su cuerpo a la vez que este se regeneraba, pero había perdido mucha sangre, necesitaba cazar para recuperarse completamente, pero no sabía que hacer con el bebé.
Livy envolvió a la criatura en hermosas sedas indias, no podía quedarse con el aunque quisiera, cada minuto que pasara a su lado se le haría más difícil dejarlo. Se hizo una pequeña herida alrededor de todo su pezón y le dio de beber de su sangre al infante, solo un poco para impedir una transformación, con esta sangre en su diminuto organismo, el niño se recuperaría bastante rápido y se aseguraría de transmitirle ciertos poderes vampíricos pero seguiría siendo humano.
El niño tomaba del pecho de Livy, como si la sangre de la vampira fuera el más divino elixir, sus ojos brillaban y su pequeña herida sanó completamente, en ese momento Livy supo que era suficiente un sorbo más y comenzaría el proceso de la transformación vampírica.
La maternal bruja salió con el bebé entre sus brazos y lo dejó abandonado en una hermosa mansión lejos de su residencia. Lloró lágrimas de sangre esperando no ver más nunca al niño, lo reconocería si ese día llegara, él fue lo más cercano a un hijo que pudiera tener aunque fuera por pocas horas, sin querer había efectuado un lazo que tendría implicaciones futuras…
En el proximo capitulo: Lo predecible (Cap. # 10)







































